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7 de octubre de 2014

La desintegración del orden internacional por Federico Steinberg

La paulatina desintegración del orden político internacional imperante en el mundo desde la II Guerra Mundial es ya un hecho incontestable. Ante su declive relativo, Estados Unidos, la potencia hegemónica de las últimas décadas y principal valedor del orden multilateral, está cada vez menos dispuesto a involucrarse en las crisis internacionales y a garantizar la seguridad. Consciente de que los imperios suelen derrumbarse cuando tienen demasiados frentes abiertos, se ha negado a seguir siendo el policía del mundo, dejando importantes lagunas que están siendo cubiertas bien por otras potencias, bien por el caos. La crisis de Ucrania, el territorio controlado por el Estado Islámico en Irak y Siria, o las tensiones en el mar de China son solo algunos de los ejemplos más recientes.

A este creciente desorden político internacional le acompaña otro fenómeno que está pasando más desapercibido pero que entraña consecuencias igualmente peligrosas: el desmembramiento del orden económico multilateral liberal. Estados Unidos también fue su impulsor, y contó para su consolidación con el apoyo europeo y de muchas potencias hoy emergentes, que vieron en la apertura económica, especialmente la comercial, una plataforma idónea para mejorar el nivel de vida de sus ciudadanos. Sin embargo, Estados Unidos pasó de ser un hegemón benigno, que garantizaba la estabilidad monetaria y jugaba el papel de consumidor de último recurso de los productos que exportaban otros países durante las primeras décadas de la posguerra, a abusar de su posición de poder para avanzar sus propios intereses en décadas más recientes. Lo novedoso es que, ante la resaca de la Gran Recesión, está empezando a considerar que defender las reglas ya no redunda tanto en su propio beneficio, sino que otorga más poder a sus rivales emergentes, sobre todo a China. No está dispuesto a invertir tantos recursos como antes en mantenerlas, se abstiene de ejercer el liderazgo necesario para adaptarlas a los nuevos tiempos y no duda en quebrantarlas o bloquear los avances que proponen otros.

La imposición de sanciones comerciales a Rusia ante la anexión de Crimea (del que participan tanto Estados Unidos como la Unión Europea), la resistencia a aprobar la reforma del Fondo Monetario Internacional para dar más voz a los países emergentes, su nueva estrategia comercial basada en acuerdos preferenciales con la Unión Europea y algunos países de la cuenca del Pacífico (que socava las reglas de la Organización Mundial del Comercio), o el escaso interés que muestra por coordinar su política monetaria con la de otras potencias para evitar efectos desestabilizadores en los mercados cambiarios, son algunas de las manifestaciones de esta nueva estrategia. Al fin y al cabo, la estadounidense es una economía bastante cerrada comparada con la de los países europeos o la de China, por lo que cierta erosión de la globalización económica puede resultarle menos nociva que a otros, especialmente cuando está camino de lograr su independencia energética y todavía puede ejercer su poder para garantizar que sus intereses comerciales y financieros sean respetados en una economía global donde impere la ley del más fuerte. Además, su opinión pública, desencantada con la globalización ante el aumento de la desigualdad y crecientemente proteccionista no siente apetito por revertir este impulso aislacionista.

La fragmentación de la economía puede llevar a guerras comerciales

Para muchos, especialmente en la Europa continental crítica con la integración financiera, esta incipiente desglobalización puede sonar bien. Al fin y al cabo la desregulación de las finanzas y la confianza ciega en las bondades del libre movimiento de capitales están en la génesis de la crisis de la que aún estamos saliendo. Sin embargo, no nos encontramos ante una desglobalización controlada que se apoye en la cooperación internacional para mejorar la regulación financiera, combatir los efectos más adversos del neoliberalismo o intentar revertir la enorme desigualdad que ha generado la integración económica, algo que sería bienvenido porque es necesario para legitimar el proceso de integración internacional. Por el contrario, estamos ante una serie de acciones unilaterales que lentamente van erosionando los principios sobre los que se asienta la predictibilidad del orden económico global, lo que nos arroja directamente a un entorno de incertidumbre donde las decisiones económicas quedan congeladas, lo que redunda en un freno a la inversión que reduce el crecimiento potencial y hace más difícil afrontar el endeudamiento y sostener el Estado de bienestar.

En 1973, el historiador económico Charles Kindleberger explicó la desintegración de la economía internacional del periodo de entreguerras, cuyo corolario fue la II Guerra Mundial, por la ausencia de una potencia hegemónica capaz de imponer al resto unas normas que aseguraran la estabilidad y que fueran aplicadas de forma ecuánime. Reino Unido ya no podía hacerlo y Estados Unidos todavía no quería. Hoy, con Estados Unidos en retirada y ante un mundo cada vez más multipolar, es imprescindible dotar a la globalización de un marco institucional de gobernanza consensuado y percibido como legítimo por las principales potencias y sus ciudadanos. Pero sin liderazgo y ante visiones enfrentadas sobre cómo gestionar el comercio, las finanzas y los problemas energéticos y climáticos globales esta tarea se hace cada vez más difícil.

El desorden político global que llena las portadas de los periódicos es preocupante, pero la falta de cooperación económica puede llevar a una progresiva fragmentación de la economía mundial que desencadene guerras comerciales y crecientes rivalidades entre bloques enfrentados. Esto sería letal para el crecimiento económico en un contexto ya de por sí delicado en el sur de Europa dados los altos niveles de desempleo y deuda.

La supremacía del dólar por Ignacio Villar Molina

El pasado mes de Julio se han cumplido setenta años de los acuerdos  de Bretton Woods, un lugar de  New Hampsire  ( EE.UU.), dónde se estableció la transformación del dólar en la divisa universal  mediante un tipo de   cambio de 35.000 dólares por onza de oro, y  la creación de un sistema económico mundial basado en el libre mercado conforme a unas  reglas de juego coordinadas por el Fondeo Monetario Internacional , el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.  Hasta este momento la referencia monetaria estuvo centrada  en el patrón oro y,  posteriormente,  en  la Libra Esterlina como  moneda de referencia mundial  debido al liderazgo  económico de Gran Bretaña,  hasta que,  finalmente, después de la segunda guerra mundial,   de la que EE. UU  surgió como la economía más fuerte del mundo  permitiéndole   un rápido crecimiento industrial y  una fuerte acumulación de capital, el dólar fue  admitido   como la referencia  universal de los intercambios comerciales  internacionales, unidad de cuenta y fondo de reserva de valor.

Esta primacía  establecida en  favor del dólar se hace patente  actualmente en  los informes del Banco Internacional de Pagos  sobre los montantes de los   intercambios  en los mercados de divisas. Así  de los 5,3 trillones de  divisas que se negocian al día  el 87 % se realizaron en dólares.  Así  mismo,  para el primer trimestre de 2006,  del total de las reservas monetarias mundiales cifradas en 4.347 trillones de Dólares, el  77,45% corresponden a dólares americanos, el 18,21%  a euros y el resto  a  francos suizos, yenes y otras monedas, cifras que en los últimos han variado, aunque ligeramente, a favor del euro.

Estos datos  de alguna forma ponen de manifiesto  una cierta frustración sobre el papel que viene representando el euro como moneda de referencia internacional. Su nacimiento contemplaba  el objetivo de competir con  el dólar por la  preeminencia   sobre todo de los intercambios comerciales;  y, en efecto, en 2010 su penetración alcanzó el 40%, sin embargo las dudas que posteriormente han surgido con respecto  a la conclusión  exitosa  del proyecto  de la moneda única como consecuencia de los problemas que han  afectado a algunos países,  la constatación de que ése proyecto está aún en construcción y  requiere aún la creación de determinadas instituciones,    y las dudas coyunturales sobre  la evolución de su actividad económica,  han determinado un retroceso ostensible en ése aspecto que para el año 2013 ha  supuesto  que aquel registro descienda hasta el  33%.  Tampoco  parece posible que el yuan chino amenace el predominio del dólar mientras no aborde una liberalización decidida de su cuenta de capitales. 

No obstante,  los excesos fiscales, la alta deuda y una política monetaria tan expansiva   de EE.UU.  pueden  facilitar  a largo plazo la pérdida  de la hegemonía actual del dólar, aunque, por ahora, su posición seguirá siendo dominante.


LAS NORMAS TÉCNICAS Y SU IMPORTANCIA

Las normas técnicas están creadas para ayudar al consumidor y darle un criterio técnico al consumidor para saber cuál artículo es de calidad y cuál no. Aquí es donde radica la importancia de las normas técnicas.

Cuando un producto o servicio bajo normas técnicas este eleva sus estándares de calidad y seguridad, beneficiando a todos los consumidores.

De acuerdo con los expertos, una norma técnica es un documento que puede contener terminología, requisitos específicos y métodos de ensayo que se utilizan para buscar la solución a un problema real o potencial, así como para establecer reglas claras para promover artículos más seguros, comprometidos con el medio ambiente, confiables y de calidad. 

Es por esto que, ante la amplia gama de opciones de productos y servicios que ofrece el comercio a los costarricenses, es recomendable adquirir los artículos que hayan sido fabricados bajo normas técnicas nacionales, ya que el consumidor se garantizará que cumplen con requisitos de seguridad y calidad.

Los consumidores merecenos artículos y servicios seguros, por lo que debemos exigir a las empresas a que elaboren sus productos bajo estas especificaciones.

Hay normas técnicas para casi todos los productos que existen en el comercio, por lo que no hay excusa para los productos que se comercialicen en nuestro país no sean de calidad y seguros. Asimismo, tampoco, nosotros los consumidores, tenemos excusa para no exigir buenos productos.

Todos, como personas, merecemos lo mejor, pero para obtener lo mejor, debemos buscarlo y exigirlo. Las normas técnicas son una herramienta que tenemos a disposición para exigir la calidad y seguridad de los productos. No las desaprovechemos.


Aduanas eficientes, países más competitivos

El comercio internacional y el acceso a los mercados globales son factores importantes que contribuyen al crecimiento económico y a las oportunidades de negocio en todo el mundo. Estos factores son especialmente benéficos para impulsar el desarrollo de regiones como América latina y el Caribe.

El acuerdo de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que concluyó en Bali (Indonesia) en diciembre de 2013 se concentró en la facilitación del comercio. La OMC define la facilitación del comercio como "la simplificación y armonización de los procedimientos de comercio internacionales" y describe los "procedimientos de comercio" como las actividades y los procedimientos relacionados con el movimiento de bienes en el marco del comercio internacional. En palabras más sencillas, el acuerdo de comercio tiene como objetivo reducir los trámites burocráticos en las fronteras internacionales y minimizar la burocracia relacionada con el despacho aduanero.

En cualquier transacción de comercio internacional, el transporte con sus costos asociados y la velocidad de entrada al mercado son consideraciones fundamentales. Durante mucho tiempo, reducir las tarifas ha sido la meta de acuerdos de comercio multilaterales y bilaterales. Algunos observadores consideran que el énfasis puesto por el acuerdo de comercio de Bali en la facilitación del comercio tornó la agenda en poco ambiciosa. Ciertamente, la facilitación del comercio a nivel global puede producir aumentos significativos en el comercio internacional. Se calcula que la implementación efectiva podría estimular el comercio global en US$ 1 billón. Incluso la implementación parcial podría agregar cerca de 5% al PBI del mundo.

La eficiencia tanto de los procedimientos aduaneros como de los aeropuertos y puertos marítimos de un país tiene una influencia considerable en la competitividad de ese país en el mercado global. Según la Organización Mundial de Aduanas (OMA), "el despacho efectivo y eficiente de bienes aumenta la participación de la industria nacional en el mercado global, contribuye significativamente a la competitividad económica de las naciones, estimula la inversión, promueve el desarrollo de la industria y aumenta la participación de la pyme en el comercio internacional".

Por eso, los esfuerzos continuos por reducir las barreras al comercio internacional resultantes de requisitos y procedimientos ineficientes de despacho aduanero en toda la región deben ser una prioridad para los interesados en lograr más crecimiento económico sostenible.

El plan maestro de los procedimientos aduaneros modernos y eficientes para el siglo XXI es la Convención de Kyoto (RKC), revisada y adoptada por la OMA en 1999. La convención provee pautas y mejores prácticas para facilitar el comercio, armonizando y simplificando los trámites y las prácticas aduaneras. Hoy en día, la Convención es oficialmente apoyada por más de 90 países.

La insistencia en la "transparencia y predictibilidad" en las acciones aduaneras resalta los principios rectores de Kyoto. Esto incluye estandarizar, simplificar y armonizar los procedimientos aduaneros para beneficio de todos los que han adoptado la Convención.

Otros elementos importantes incluyen maximizar el uso de la tecnología de la información (TI), incluido el mayor uso de trámites aduaneros automatizados y la implementación de análisis efectivo de riesgos para reducir las tasas de inspección inaceptablemente altas que pueden frenar el procedimiento de despacho aduanero.

En América latina, sólo dos países han accedido a la RKC: Cuba y República Dominicana.

La solución es que los gobiernos den prioridad a la inversión y financiación apropiada de sus servicios aduaneros. Siguiendo las recomendaciones de RKC, es preciso enfatizar la moderna tecnología de la información, las mejoras de infraestructura generales, la capacitación y los niveles apropiados de dotación de personal. Los servicios aduaneros anticuados y los procedimientos arcaicos, ya inadecuados en el siglo XX, serán ciertamente obstáculos al éxito económico del siglo XXI.

Aquí es donde la empresa privada debe dar un paso adelante para prestar ayuda. No podemos esperar disfrutar los beneficios completos de un procedimiento aduanero más racionalizado y eficiente sin participar en su desarrollo y financiación. Las empresas y grupos sectoriales deben jugar un papel activo, ofreciendo conocimiento, apoyo y aliento a los gobiernos, a medida que éstos modernizan sus servicios aduaneros.

En FedEx nos dedicamos a proveer acceso a personas, productos y servicios en 220 países y territorios de todo el globo. Diariamente vemos de primera mano los beneficios del acceso y esa realidad guía nuestra convicción de que cuando los países habilitan el comercio impactan de manera positiva sus economías y hacen prosperar a sus empresas y ciudadanos.

En un mercado cada vez más global, las conexiones de negocio sólidas son esenciales. Hacer las aduanas más eficientes es un paso clave para asegurar que las economías de América latina y el Caribe tengan las herramientas y los recursos para competir y prosperar. Así que nosotros apoyamos con gran interés los esfuerzos por lograr esa meta y por reducir otras barreras al comercio.

La ralentización de la economía mundial podría despertar una nueva guerra de divisas

La devaluación de la moneda es el método clásico y más rápido de relanzar la economía de un país al estimular sus exportaciones. “Devaluar la moneda es una estrategia más fácil que emprender reformas estructurales que deben sortear obstáculos políticos, en particular en el caso de los países que tienen un creciente endeudamiento y un alto desempleo”, recalca el Wall Street Journal. Por ello, ante la debilidad del crecimiento en Europa y la ralentización de las economías emergentes, muchos creen que podría desatarse una nueva “guerra de divisas”.

El propio, Mario Draghi, aunque defiende que la devaluación del euro no se encuentra entre sus metas, se ha mostrado satisfecho con la bajada de la moneda única europea. Precisamente, desde el pasado 3 de octubre, el euro se mantiene en mínimos de dos años frente al dólar. Una rebaja que debería impulsar las exportaciones de países como Alemania que ha registrado el mayor descenso de pedidos industriales en cinco años.

En Japón, el gobernador del Banco de Japón, Haruhiko Kuroda, considera positiva la devaluación del Yen y ya se ha criticado a China por mantener artificialmente baja la cotización de su moneda. Con todo, sus exportaciones crecen 8,6%, mucho menos que el 20% que se anotó durante una década. De momento la Organización Mundial del Comercio ha reducido su previsión de crecimiento del comercio internacional del 5,3% anterior al 4% actual.el

Es una cuestión que deberán tratar durante la semana, en su reunión anual,  el Fondo Mundial Internacional y el Banco Mundial. Una posible guerra de divisas entre economía supondría una nueva amenaza para la recuperación económica. En primer lugar, porque la devaluación de la moneda no garantiza un aumento de las exportaciones pero sí incrementa la inflación. En la eurozona esa inflación representaría más un alivio que un problema pero en países emergentes como la India o Rusia que llevan meses de 'trubulencias monetarias', los consumidores sufrirían. La otra posibilidad que se abre ante una devaluación de las monedas es el del enfrentamiento comercial con un aumento proteccionista... o todo lo contrario: que las dificultades signifique un empujón a acuersdos de libre comercio como el que negocian en la actualidad Europa y Estados Unidos.