La posibilidad de que Dilma Rousseff no consiga la reelección, que es mostrada por la últimas encuestas, será sentida con mayor intensidad en América Latina por los vecinos bolivarianos como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba y Nicaragua, que siempre tuvieron estrechas relaciones con los gobiernos del Partido de los Trabajadores y línea directa de negociación con el expresidente Lula, y en menor medida con la presidenta Rousseff. Es lo único que puede sacudir la relación de Brasil con esos países. Los intereses estratégicos en la región serán mantenidos, no importa quién gane.Las opiniones se dividen en cuanto al comportamiento de Dilma en relación con los vecinos. Algunos se quejan de un cierto enfriamiento (caso de Bolivia). Otros aseguran que no es que los vínculos ideológicos entre el gobierno brasileño y esos países no continúen tan fuertes como antes.
Al mismo tiempo, Aécio Neves y Marina Silva ya anunciaron su disposición a terminar con el alineamiento ideológico que, entienden, trabó acuerdos importantes de Brasil con otros bloques económicos como la Alinza del Pacífico y la Unión Europea. Pero, según una fuente diplomática del Gobierno brasileño, tradicionalmente, la posición política de éste o aquel líder de la región no pesa en la premisa de que es necesario buscar el desarrollo y el crecimiento económico.
El Mercosur está en franco proceso de negociación de un acuerdo con los europeos y se prepara para que se acerque a la Alianza del Pacífico, asegura esa fuente.
Para el sociólogo y geógrafo brasileño Demétrio Magnoli, Dilma conservó todos los compromisos de Lula con los aliados regionales: el castrismo cubano, el chavismo venezolano, el kirchnerismo argentino y, en menor medida, Evo Morales.
La prueba está a la vista de todos. Basta mirar los financiamientos externos del Bandes (en Cuba), la complacencia de Brasil con el proteccionismo argentino y la movilización diplomática para proteger a Maduro en crisis, argumenta Magnoli.
Carlos Romero, de la Universidad Central de Venezuela, califica de "óptimas" las relaciones entre su país y Brasil, tanto en el campo político como en el económico. Destaca que las inversiones brasileñas son importantes y el comercio bilateral ha crecido bastante y es favorable a Brasil, que el año pasado registró un superávit de US$ 4.000 millones con los venezolanos.
Brasil ha defendido la Revolución Chavista y Caracas ha apoyado a Brasil en busca de un liderazgo regional y mundial. Una eventual victoria de Marina no significaría un gran cambio en las relaciones bilaterales, que se mantendrían en un nivel alto.
El analista político ecuatoriano, Adrián Bonilla, también considera que los cambios ideológicos pesarán menos que los temas estratégicos centrales. Con todo, él destaca que debe considerarse notoria la preocupación de Dilma con la situación política en Venezuela, lo que no ocurriría con la misma intensidad con Marina como presidenta.
Los opositores al gobierno acostumbran decir que el asesor para asuntos internacionales de la Presidencia de la República, Marco Aurélio García, fue el gran mentor de esa alianza de Brasil con los bolivarianos. Para García, esa visión es equivocada. Él asegura que no existe diplomacia paralela y que todas las decisiones en los gobiernos de Lula y Dilma fueron tomadas en absoluta sintonía con Itamaraty. De acuerdo con García, la política exterior siempre dividió las posiciones en la sociedad brasileña. La ignorancia (o la mala fe) permiten que se olvide que, a propuesta de Brasil, en sintonía con Chile, está en curso un proceso de acercamiento entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico. Esa misma división ideológica hace desconocer que el Mercosur tiene una propuesta de acuerdo con la Unión Europea.
En fin, hay intereses políticos, económicos y regionales de Brasil por todo los países latinoamericanos, sin importar su línea ideológica. Esa siempre fue la posición de los gobiernos del PSDB y PT. ¿Por qué Marina o Aécio, no mantendrían ese principio?
Todo cambia a gran velocidad en Brasil. Pero el diálogo constructivo es un paradigma que no puede morir.